Cuando dejamos de creer
- Laura Pleguezuelos
- 9 nov
- 2 Min. de lectura
"La verdad no es algo que descubrimos, sino lo que creemos"- Antoine de Saint-Exupéry.
No sé si alguna vez te ha pasado: un día te despiertas y sientes que todo pesa un poco más. No hay un motivo claro, pero algo en ti se ha apagado. Dejas de esperar, de entusiasmarte, de imaginar. Sin darte cuenta, has empezado a renunciar.
La depresión, más allá de diagnósticos o etiquetas, tiene algo en común en todas sus formas: la renuncia. No siempre es una decisión consciente. A veces empieza de manera silenciosa, como una rendición que se esconde en los pensamientos: “no puedo”, “para qué”, “ya da igual”.
Y es que lo que creemos tiene un poder inmenso. Cuando repetimos una idea una y otra vez, la mente empieza a construir el mundo a su alrededor para que encaje con esa creencia. Es lo que lo que se conoce como profecía autocumplida: cuando dejamos de creer en la posibilidad de cambio, sin quererlo, empezamos a actuar —y a sentir— como si el cambio ya fuera imposible.
El problema no es solo el dolor, sino la historia que nos contamos sobre él. Si creo que nada puede mejorar, todo a mi alrededor parecerá confirmarlo. Si pienso que no merezco amor, empezaré a rechazarlo incluso cuando aparezca. No porque no exista, sino porque he dejado de verlo. 🤍 ¿Qué historia te estás contando sobre ti o sobre tu vida?
🤍 ¿Qué crees que ya no tiene solución?
🤍 ¿Y si esa creencia solo fuera una forma de protegerte del dolor?
A veces, cuando la mente se encierra en pensamientos oscuros, no se trata de “pensar distinto”, sino de abrir una rendija por donde entre algo de luz. La misma mente que puede hundirnos también puede ayudarnos a salir. Así como una creencia puede limitarnos, otra puede abrirnos un horizonte nuevo.
🤍 ¿Qué pasaría si empezara a creer, aunque sea un poco, que las cosas pueden cambiar?
🤍 ¿Qué parte de mi aún desea vivir, sentir, volver a empezar?
A veces el primer paso no es sentirse bien, sino volver a creer que es posible sentirse bien. Esa pequeña grieta en la certeza del “no hay salida” ya es una forma de esperanza.
La depresión no se disuelve con optimismo superficial, pero empieza a transformarse cuando dejamos entrar una idea distinta: “quizá todavía hay algo que puedo hacer”, “quizá merezco otra oportunidad”, “quizá no todo está perdido”.
Creer no es negar la realidad del dolor, sino reconocer que dentro de él aún hay vida.
✨ A veces, sanar empieza por un acto silencioso de fe: volver a creer en lo que habíamos dado por perdido.



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