Cuando la tentación nos habla
- Laura Pleguezuelos
- 20 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Oscar Wilde decía: “Puedo resistirlo todo, excepto la tentación.”
Aunque Wilde la pronunció con ironía, encierra algo que muchas personas viven en silencio: esa sensación de que, cuando un impulso aparece, es casi imposible controlarlo.
La tentación puede tener muchas formas: un hábito que queremos dejar pero nos cuesta, una relación que sabemos que no nos hace bien, una emoción que evitamos o una respuesta automática que repetimos sin entender del todo por qué. Y cuando ese impulso surge, suele venir acompañado de culpa, vergüenza, frustración o sensación de pérdida de control.
Durante mi experiencia acompañando a personas en terapia, observo con frecuencia que ciertas dificultades aparecen una y otra vez: alimentación emocional, relaciones complicadas, procrastinación, consumo de sustancias o dificultades para manejar la ira.
Muchas personas creen que sentir tentación significa ser débiles, pero eso no es cierto. Sentir tentación significa que hay una necesidad interna que busca ser escuchada. En la mayoría de las ocasiones, puede pasar que detrás de toda esa sintomatología haya una herida abierta:
Cuando como sin tener hambre porque la comida se vuelve un refugio para calmar una angustia que no siempre se nombrar.
Cuando vuelvo una y otra vez a relaciones que sé que me hacen daño porque sigo buscando un afecto que nunca va a darse pero "prefiero" estar soportando esto a soportar la soledad.
Cuando procrastino, aplazando decisiones, tareas o cambios importantes porque enfrentarlos me genera mucho miedo o inseguridad.
Cuando consumo sustancias, buscando desconectarme de mi vida o anestesiar el dolor, el vacío o la soledad. Cuanto exploto con facilidad sin medir lo que hago o lo que digo, porque en el fondo hay algo dentro de mi que necesita ser atendido aunque no sepa cómo expresarlo de otra manera.
En todos estos casos, la tentación no es el verdadero problema, sino la punta visible de algo más profundo: una emoción, una historia o una herida que busca ser atendida. No se trata de falta de fuerza de voluntad, ni de “debilidad”, sino de estrategias que en algún momento funcionaron para sobrevivir… aunque hoy ya no nos hagan bien.
Por eso, en terapia no buscamos que las personas “dejen de sentir” impulsos, sino que aprendan a escuchar lo que esos impulsos intentan decirles.
🤍 ¿Qué necesidad se esconde detrás de esta tentación?
🤍 ¿Qué emoción estoy intentando calmar?
🤍 ¿Qué historia hay ahí?
Cuando empezamos a comprender, ya no luchamos a ciegas: empezamos a tener poder de elección. La verdadera fortaleza no siempre está en resistir, sino en entendernos para poder responder de una manera diferente.
✨ La tentación no es un enemigo: es una puerta hacia nuestro interior.



Comentarios